Un hombre está buscando algo en la calle, debajo de luz de una farola. Una mujer observa la escena, se le acerca y le pregunta qué ha perdido. Las llaves, dice él, ¿me ayudas a buscarlas? Ahora son dos los que buscan, pero la llave no aparece. Al cabo de un rato la mujer, cansada, le pregunta si está seguro de haberlas perdido precisamente ahí. El hombre le contesta que se le cayeron unos metros atrás. Ella lo mira con cierto estupor y le dice que por qué las está buscando precisamente ahí si las ha perdido en otro sitio. ¡Qué pregunta!, le responde, ¿no ves que aquí hay luz?

Podemos imaginar a la mujer con gesto resignado continuando su camino, pensando que el hombre no está muy bien de la cabeza. Nosotros también podríamos pensar que algo le pasa, porque ¿quién buscaría algo donde no está?

… a pesar de la creciente conexión y conectividad, estamos más solos que nunca

Byung-Chul Han

¿Quién…?

Es difícil pararse a reflexionar cuando vivimos como marionetas, sin saber muy bien la razón, aunque de vez en cuando escuchamos una voz interior que nos dice que las cosas no van bien. Entonces, sospechamos que quizás nos estamos dejando seducir por sucedáneos.

La autenticidad

Nos gustaría vivir con autenticidad, sin embargo consumimos y vendemos experiencias en vez de vivencias; tenemos contactos en vez de vínculos; nos aferramos a una creencia emocionalmente seductora  que no exige pensar demasiado; nos entregamos a  una máquina que sabe lo que queremos oír; permitimos que nuestro tiempo se diluya en lo innecesario mientras nos dejamos esclavizar por nuestro propio teléfono, el espectáculo vacío, el ruido constante, los vendedores de humo y  los cantos de sirenas sobre el éxito, el reconocimiento social, la permanencia y las verdades alternativas.

Puede que no encontremos las llaves porque nos han intentado convencer de que busquemos donde hay luz.

Pero quizás no estén ahí.